LIMITES

 Hay vocablos que se usan con la idea de que se entienden en un concepto común, pero en la práctica se puede observar que es necesario revisar puesto que, pueden suscitar conflictos especialmente cuando se perciben como una agresión o fuerza restrictiva para el ego en el sentido de hacer lo que se dé la gana. Es el caso de la palabra “LÍMITES”. En muchas ocasiones se interpreta como un impedimento o restricción que produce enojo, se manifiesta como frustración y se rumia guardada con el resentimiento de la ira contenida. Es causa de una reacción defensiva ante las imágenes de autoridad a las cuales se rechaza, porque sugieren una amenaza o transgreden el espacio vital que es personal y es necesario defender de acuerdo con el marco mental particular.

En un primer momento desde la perspectiva de desarrollo y crecimiento humano, suena como algo que frena la creatividad, el potencial latente de las personas, situaciones, o cosas; inclusive la alegría de hacer lo que es agradable como un derecho inalienable. Sin embargo, en un significado superior poner límites es un atributo del ORDEN. Su importancia es evidente, no obstante, pasa desapercibido como algo que está sin que se aprecie en la rutina de cada día. Por ejemplo: Una casa, un edificio y cualquier construcción son espacios que sin límites no podrían contener dominios para que sean de utilidad. Si colapsaran serían terrenos amplios, incapaces de contener lugares, en cuyo diseño se instalen habitaciones funcionales, para separar, poner puertas o ventanas y reconocer lo público, de lo privado. Es decir, si no hay límites en algún contexto de organización se imposibilita generar un sinfín de objetivos estructurales. Por lo tanto, poner límites es poner orden. Sin orden es imposible crear algo útil, bello, funcional, no nada más para hacer buen uso de ello sino para que trascienda la utilidad material.

En este sentido en las dimensiones de la educación y el desarrollo humano se señala que una persona sin límites o que actúa por complacencia individual; hace “lo que se le da la gana¨ y se le permite con impunidad transgredir reglas de convivencia social, arremete contra todo lo que se interponga en su camino. A su paso destruye, agrede, abusa, puesto que, desde su egoísmo, considera insignificantes a sus congéneres, y al mundo en general. Explota sin escrúpulos los reinos mineral, vegetal y animal en cuya interacción e interdependencia se sostiene la vida, SU vida. Sin embargo, al no reconocer límites, y no tener consecuencias de sus actos, no entiende que: Lo perciba o no, lo quiera o no, existen límites en un Orden perfecto. Así que su actuación en cualquier contexto se vuelve irresponsable, insensible y deshumanizada. En su estrecho marco de referencia consigo mismo, vive sin respeto alguno, y en última instancia pierde el sentido de vida en el desorden que ha generado; existe a la deriva y por último termina con su autodestrucción preguntando "por qué?" le suceden cosas adversas y se queja de injusticia con la soberbia del ignorante que no sabe lo que se provocó por sí mismo.

Resulta muy complicado el entender que sin límites el caos se gesta desde todos los frentes. El seguir comportamientos colectivos sin la conciencia del orden induce a la lucha por sobrevivir en el nivel más bajo de animalidad. La competencia es férrea para ganar, despojar a otros de lo que hay como un depredador que pelea sólo con el alcance de su fuerza bruta. Se marcan territorios por instinto, y no se conoce más que el permanecer en alerta dentro de un entorno que se juzga amenazante, hasta que en un ambiente educativo para su formación se haga cargo de darse cuenta, de hacer el esfuerzo por alcanzar un nivel de conciencia superior con el cual es posible asimilar la palabra Límites con el Orden. En este proceso de transformación el significado negativo se redirige; el comprender que al poner límites y respetarlos se favorece una mejor conducta y más cuando de relaciones interpersonales se trata.

La interacción humana se construye sobre vínculos emocionales muy complejos; los roles paterno y materno; los grupos de hermandad; la solidaridad o la compasión son resultado de un desarrollo integral de la persona. Requieren del autoconocimiento y control de la reactividad instintiva o automatismos aprendidos. Sin la capacidad de visualizar límites saludables tanto para el que los establece como para el que los respeta,  se pueden generar conflictos y separaciones irreconciliables.  Especialmente al asumir un rol de autoridad se ejerce el poder de guiar, orientar, educar con los valores y principios de vida que por la experiencia humana son los más convenientes para orientar el crecimiento y desarrollo tanto del individuo como de los grupos sociales. Es un papel muy delicado que en muchos casos se hace sin la sensibilidad de trato para un ser humano. 

Las edades en donde es incipiente o está en desarrollo la maduración psico motriz; la percepción del riesgo y las consecuencias de los actos, necesitan de más cuidado. El satisfacer toda clase de demandas, exigencias, y deseo con la sobreprotección, puede derivar en poca resistencia a la frustración y a la auto  regulación de las emociones. Aunque se entiende que conviene la asesoría especializada para la educación, generalmente las costumbres, los aprendizajes personales y el condicionamiento social mediante modelos de comportamiento aceptados como creencias y tradiciones rigen el deber ser y determinan lo correcto o incorrecto. Los límites en estos casos suelen contener mal entendidos y abusos de poder justificados por generaciones que los han aceptado sin la crítica consciente de los resultados, ni la evolución de la madurez en las diversas áreas de desarrollo. 

Es realmente delicado el guiar, proteger, dar libertad y finalmente soltar a un ser humano autosuficiente en las distintas etapas de infancia, adolescencia, adultez o senectud. Hay que tener presente su importancia en cada período de desarrollo puesto que los lazos de familia  y de la sociedad prevalecen no importa la edad, y es un hecho que existe el abuso hacia los niños, ancianos y en edades intermedias. Cabe entonces resignificar con detalle, los límites, las restricciones, las fronteras, los bordes, y demás términos semejantes que funcionen para establecer una vida plena y saludable, en cualquier contexto.

El orden es fundamental; los límites son necesarios. En resumen, si no hay límites no hay creación. Comprender su función, la manera de implantarlos sobre una base de salud emocional y física equivale a proteger de las consecuencias desfavorables para todos; Co crear en armonía  o inclusive sin intervenir en el equilibrio ya establecido en la naturaleza de todos los seres. Habrá que insistir, con la disposición de aprender y rehacer; de valorar y resignificar lo que está al alcance de una mente y conciencia diseñada en principio por un orden perfecto que trasciende lo que todavía no es posible acotar con las habilidades de las herramientas hechas por toda la humanidad.